Archivos de la categoría ‘Prestados’

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Bueeeeenas…

26 noviembre, 2010

Era mi turno hace muchos turnos pero, ya que las entregas y los parciales no me daban tregua, mi muy buena amiga Rubia se ha hecho cargo de este rincón del cyber-espacio.

Como mis últimas neuronas han ido entrando en una especie de letargo a medida que la primavera se acerca apurada (quizás demasiado apurada) a su fin, he decidido robar un texto otra vez (y digo robar porque nunca tuve, y probablemente nunca tendré, la oportunidad de pedirle permiso a su autor para publicarlo).

Sin más prolegómenos aquí dejo el texto:

RECUERDOS DE SAN JOSÉ DEL RINCÓN, por Héctor Bonaparte

San José del Rincón, 15 Kilómetros al norte de Santa Fe por la ruta provincial No. 1 que va a Cayastá y Helvecia, está asociada a recuerdos de mi infancia y adolescencia. Con el atractivo de la cercanía y el perfume colorido de los naranjales, mi padre compró en 1930 un terrenito en una loma al borde de la laguna e hizo construir una casa para pasar allí los veranos. Los sauces y eucaliptos con el canto de los pájaros saludando al sol, y las sinfonías de chicharras despidiéndolo permanecen como una música del pasado. Lo mismo que las calles de una arena espesa y clarita, que uno podía transitar de noche a la luz de unos faroles de kerosén que parecían sacados de una esquina del Buenos Aires colonial. Algunos carnavales fueron brillantes, pues el baile en la plaza se iluminaba con guirnaldas de lamparitas alimentadas por un generador eléctrico llevado desde Santa Fe, que se instalaba en la panadería de los Facino y hacía oír su golpeteo hasta en la misma plaza. Los chicos nos entreteníamos vendiendo “¡Serpentina a dié el paquete!”, mientras hacía sus cabriolas la Murga “La Clise (crisis) del 14″ y un Diablo Rojo corría a los muchachitos por entre los canteros con una vejiga de vaca inflada. Al caer la tarde llegaban con puntualidad de Primer Mundo unos mosquitos isleños robustos, que matábamos con facilidad en unas competencias en las que contábamos con prolijidad los que conseguía abatir cada uno. Las empanadas de Doña Dolores eran muy apreciadas, pero nosotros preferíamos sus bizcochos criollos, que devorábamos con la leche de la tarde cuando volvíamos del baño en el arroyo.

No me entra en la cabeza que en ese clima de tanta vida haya aparecido -cincuenta años después- la locura genocida de quien llegó a ser intendente del pueblo, y está siendo juzgado ahora por las torturas y desapariciones de la comisaría 4a. de la ciudad de Santa Fe.

(Carta de lectores del diario La Capital de Rosario del 4/8/10)

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La gente del futuro – Miguel Cantilo

27 septiembre, 2010
El tiempo se acaba, el siglo se va,
frenética avanza, la era nuclear.
El grito de un hombre, se pierde entre mil
y nacen los jóvenes del año 2000.
Y dónde están ahora los geniales científicos?
Inventando la bomba de rayos pacíficos
Y dónde están ahora los filósofos críticos?
Tiñendo sus palabras de intereses políticos
Y donde el bien, debajo de quién?
Adónde hay un ejemplo que nos sirva de ley?
La crisis del hombre es casi total,
ve sólo valores en lo material.
Impone la fuerza sobre lo sutil,
su débil conciencia se arrastra a ser vil.
Y dónde están ahora los psicoanalistas?
Calmando la neurosis de los accionistas
Y dónde están ahora los hippies pacifistas?
Peleando para mantener a sus familias
Y dónde estas tú, famoso gurú,
ahora que se fueron y apagaron la luz?
Esta es la gente del futuro, y éste presente tan, tan duro
es el material con que edificaremos un mañana total.
No sirve de nada clavarse el puñal,
llorando la carta del tango fatal.
Tenemos que hacernos un mundo mejor,
porque éste está enfermo y nosotros no.
Y dónde están las ganas de vivir una fiesta?
No vale reprimirse cuando toca la orquesta
Y dónde estará ahora aquel cantor de protesta?
Cantando a los gritos su nueva propuesta
Y dónde estas vos? y dónde estoy yo?
Subidos a la música del rock’n roll
Esta es la gente del futuro, y éste presente tan, tan duro
Es el material con que edificaremos un mañana total
Es el material con que edificaremos un mañana,
haremos un mañana,
haremos un mañana total.
 
 
Excelente tema de Miguelito!!! Recomiendo particularmente escuchar la versión que grabó para el disco “Clásicos” junto con el pelado Cordera.
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Dónde va la gente cuando llueve?

10 septiembre, 2010

Una lluvia cae lentamente
Y te llora las mejillas al reír
Dentro del oscuro mediodía
Moretones amplios hunden el sol
Árboles en llanto lavan el alquitrán

Donde van los hombres, corren si ver
Buscan una causa donde secar su piel

Donde va la gente cuando llueve?
Siempre hay un lugar donde parar

Tierna mujercita sumergida
En las aguas de mi brazo torrencial
Beso mucha lluvia en tu sonrisa
Hay un arco iris tierno y precoz
En el abanico de tu pestaña gris
Ves aquellos hombres, corren si ver
Buscan una causa donde secar su piel

Donde va la gente cuando llueve?
Donde los que no tienen lugar?

Donde van?

Donde la señora de arpillera
Donde el chico del harapo y arrabal
Donde los profetas de botella
Una chimenea fuma su paz
Sobre las terrazas que ellos jamás podrán

Vamos a la lluvia, niña de sol
Veo que todos corren pero no todos van

Donde va la gente cuando llueve
Donde van aquellos que nos van

Donde van?

 

 

 

Pedro y Pablo

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Niños sin día

17 agosto, 2010

1969

Bogotá

 

Los gamines

Tienen la calle por casa. Son gatos en el salto y en el manotazo, gorriones en el vuelo, gallitos en la pelea. Vagan en bandadas, en galladas; duermen en racimos, pegados por la helada del amanecer. Comen lo que roban o las soras que mendigan o la basura que encuentran; apagan el hambre aspirando gasolina o pegamento. Tienen dientes grises y caras quemadas por el frío.

Arturo Dueñas, de la gallada de la calle Veintidós, se va de su banda. Está harto de dar el culo y recibir palizas por ser el más pequeño, el chinche, el chichigua; y decide que más vale largarse solo.

Una noche de éstas, noche como cualquier otra noche, Arturo se desliza bajo una mesa de restorán, manotea una pata de pollo y alzándola como estandarte huye por las callejuelas. Cuando encuentra algún oscuro recoveco, se sienta a cenar. Un perrito lo mira y se relame. Varias veces Arturo lo echa y el perrito vuelve. Se miran: son igualitos los dos, hijos de nadie, apaleados, puro huso y mugre. Arturo se resigna y convida.

Desde entonces andan juntos, patialegres, compartiendo el peligro y el botín y las pulgas. Arturo, que nunca habló con nadie, cuenta sus cosas. El perrito duerme acurrucado a sus pies.

Y una maldita tarde los policías atrapan a Arturo robando buñuelos, lo arrastran a la Estación Quinta y allí le pegan tremenda pateadura. Al tiempo Arturo vuelve a la calle, todo maltrecho. El perito no aparece. Arturo corre y corre, busca y rebusca, y no aparece. Mucho preguntar y nada. Mucho lo llama y nada. Nadie en el mundo está tan solo como este niño de siete años que está solo en las calles de la ciudad de Bogotá, ronco de tanto gritar.

Eduardo Galeano

 

Este pedacito de realidad, plasmado en el tercer tomo de “Memoria del fuego”, es la triste, tristísima imagen de los niños sin día. Esos chicos que el domingo pasado no fueron tenidos en cuenta por esta sociedad consumista, esos chicos que solo pudieron soñar con el juguetito último modelo, chicos que probablemente se fueron a la cama sin siquiera un pedazo de pan.

Por desgracia, y aunque se me estruje el corazón de solo pensarlo, esos chicos son cada día más. Mas chicos, más grandes, más seres humanos que van quedando “por fuera”… por fuera decimos, por fuera de qué? quién marca el afuera y el adentro? sí, sí… ya sé, ni se gasten en responderme… que triste, no? que unos pocos tengan el poder de someter a tanta gente al hambre, al frío, al anonimato mas cruel… pero más triste todavía es el montón de gente que da vuelta la cara, porque es más fácil hacer como que nadie vio nada…

Hoy, ya pasado el “día del niño” y tras un fin de semana un tanto accidentado, no pude evitar pensar en esros petuques, creciendo muchas veces a la fuerza, obligados a dejar su niñez a un lado para llevar un par de monedas a la casa, o no, pero igualmente demasiadas veces maltratados en todos los sentidos que a nuestra mente pueda ocurrírsele.

Mi pregunta fundamental la noche de hoy es ¿cómo hacemos para proteger a estas personitas que muchas veces ni saben que tiene el derecho a ser protegidas? ¿cómo hago?

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